Testimonios del Maquis en la Serranía Conquense. Huélamo I. Daniel Chico Mesa.
Автор: Rafael García Vázquez
Загружено: 2025-01-31
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Tras una jornada agotadora en el monte, Daniel Chico vuelve a casa.
El mes de enero fue uno de los más duros climatológicamente de este año. Durante quince días estuvo nevando copiosamente. Más de veinte días estuvieron la mayoría de los pueblos de la Sierra sin comunicación alguna. Las temperaturas registradas en Cuenca capital no llegaban a superar los -10 Cº, mientras que un manto de más de 1,5 metros de nieve cubría su camino de vuelta a Huélamo.
Con este frío aterrador, hastiado y cansado, Daniel regresaba a casa cuando fue abordado por el alcalde de la localidad.
Daniel recibió de forma imperativa y autoritaria el encargo de suministrar la cena en compañía de Plácido García "el de Los Toreros", a una pareja de la Guardia Civiles que desde Valdemeca a su paso por Huélamo se había desplazado hasta la Tejería del Masegar.
El plan trazado por aquellos miembros de la benemérita incluía hacer noche en aquel lugar, llevando a cabo su misión de persecución y hostigamiento de algún grupo guerrillero que había sido avistado en las inmediaciones. Estos se habían presentado en el término de Tragacete vía Teruel, (Montes Universales, Tejadillos, Zafrilla, Valdemeca). El día 12 de enero en Valdemeca fueron vistos y se designó al brigada Ramón Lapeña Girón para su persecución con fuerzas de Cuenca, Villalba, Uña y Tragacete.
Merced a estas maniobras de hostigamiento y persecución, el 13 de enero se obtuvieron los primeros resultados, produciéndose un duro encuentro en el “Pajar del Corzo” entre fuerzas de la Guardia Civil, algunos guardas forestales y miembros del Somatem con una partida de 4 guerrilleros a escasa distancia del lugar en el que habían pernoctado los efectivos desplazados a la zona, resultando dos guerrilleros abatidos: José Andrés Benito Vindel y Esteban Rueda de la Hera, y otros dos fugados. Aquellos que disfrutaron de mejor suerte huyeron monte a través aguzando el ingenio, borrando sus huellas y en ocasiones caminando de espaldas despistando así a sus perseguidores.
Los prófugos tenían un estrecho parentesco, Antonio Rodríguez González, que poco más tarde el 27 de enero fue también abatido en un caserío de Huerta Marojales, y su hermano Eulogio Rodríguez González que por motivo de posterior detención, y para ocultar su verdadera identidad decía llamarse Ramón Iglesias Iglesias sufriendo sendas penas de reclusión en la Prisión Provincial de Cuenca, Ocaña, Madrid y Burgos.
La noche era gélida y oscura; aproximándose a la Tejería con gran precaución Daniel y Plácido comenzaron a dar voces solicitando la atención de los que allí se albergaban.
Daniel se acercó al muro. Hubo un largo silencio por respuesta; y si no fuese por las señales evidentes que delataban la presencia de la patrulla (unas grandes llamas que superaban el muro asomándose inclusive por el tejado), estos hubiesen dudado de la presencia de los recientes inquilinos. Cuando una voz desde el interior rompió el tenso silencio dirigiéndose a Daniel y Plácido en estos términos: “Poneos ahí delante de rodillas, y levantad las manos”
Al instante de la oscuridad surgió una figura que encañonándole procedió a cachearles y a arrebatarles las hogazas que portaban.
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