Mi cintura mide solo 40 centímetros y hasta hace poco estaba muy gorda
Автор: Mi Historia
Загружено: 2019-12-28
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¡Hola a todos! Mi nombre es Isabella, les contaré sobre cuál fue el milagro que me ayudó a reducir mi cintura a 40 centímetros, ¡y qué tuve que sacrificar para lograrlo!
Todas las mujeres en nuestra familia son gorditas. Mi abuela pesa nada más que 140 kilos, mi mamá unos 115 y mi tía ya pasó los 123. Cuando yo era pequeña, tenía unos cachetes enormes. Fue desde esta época me obsesioné con cuidar mi peso. Dejé de comer el pan y los bizcochos que mi abuela me preparaba todos los días. Decidí cambiar nuestra historia y en la secundaria ya había perdido mi sobrepeso.
Resultó que tuve un cuerpo muy bonito, con una cintura bien definida. Y no importa que me quedaba algo de grasa en los costados. Ya tenía de qué estar orgullosa, y de verdad lo estaba. ¡En los próximos años aumenté de estatura y noté que mi cuerpo se acercaba poco a poco al estándar 90-60-90, wow! Sentía todas las miradas sobre mí, especialmente en el verano, cuando íbamos a la playa. Un chico me dijo que mi cintura merecía ser incluida en el libro de récords. No había pensado antes que podía ser famosa por eso! Investigué en Internet y encontré a las mujeres con cinturas de avispa. Así que quise ser igual que ellas. El mismo día decidí comprar una faja y me la puse inmediatamente. Quiero decirles que la faja no es ni cómoda, ni agradable. Durante el primer día tuve problemas para respirar, me dolía todo, mis órganos internos, parecía que hubieran sido aplastados. Estaba a punto de terminar con eso, pero soy muy necia, así que me obligaba a aguantar la tortura.
Ahora me pongo la faja por 23 horas al día y me la quito solo para bañarme. Mi mamá y mi abuela me repetían que estaba dañando mi salud. Pero no pudieron ocultar la sorpresa cuando me vieron sin faja. Mi cintura medía 54 centímetros! No tuve planes de detenerme ahí. Ya no pude estar sin mi faja, era mi piel, mi ropa, no me imaginaba salir sin ella en público. El día de mi grado mi cuerpo parecía a un reloj de arena. Era la verdadera estrella de la noche, todas las chicas me tuvieron envidia, porque todos los chicos quisieron bailar solo conmigo. Todos quisieron poner sus manos en mi cintura.
Nadie pudo compararse conmigo en la Universidad, allí fue donde conocí a mi futuro esposo. Se enamoró de mi cintura. Un día me dijo en broma que si subía un centímetro, inmediatamente buscaría otra. ¿Me interesa donde encontraría otra cintura así? Pero sus palabras se quedaron dando vueltas en mi mente. Pasaron unos meses, todos mis días empezaban con la medición. A veces mi esposo me pedía dormir sin la faja, le molestaban los ganchos, los botones y el material en general. Luego me enteré que si me sacaban unas costillas, podría mejorar mi apariencia aún más. Una semana después fui a ver al especialista. Me miró como si estuviera una loca, pero aún así no me negó sus servicios. Le terminé entregando todos mis ahorros. Al final de todo, mi cintura se volvió más fina y mis muslos más curvos. Pero al verme al espejo casi me desmayé. Mi cintura era perfecta, de tan solo 40 cm, pero había algo extraño. Mis órganos internos cambiaron de lugar, los huesos del tórax se deformaron por la presión continua de la faja. Mi mamá me miraba casi llorando: jamás había visto una figura tan rara en su vida. Pero en la familia de los gordos fui una verdadera Pulgarcita.
Para mantener mi cintura, debo evitar cualquier tentación de mis amigos a comer comida chatarra. También tengo que soportar a las personas que a cada rato quieren medir mi cintura. Me toca ajustar todas las prendas de ropa. Ese es un gran problema. Un día en la finca nos alcanzó un fuerte aguacero y tuvimos que buscar ropa seca. La única ropa a la mano eran unos viejos pantalones, tuvieron que ajustármelos con un cinturón. Así me fui en el tren. Había mucha gente, porque era domingo. Cuando salía del vagón, alguien desconocido en broma tiró de mi cinturón. Así que mis pantalones se cayeron en el piso. No entendí en ese momento lo que había pasado, pero me quedé en traje de baño ¡oh no! ¡Y eso fue un gran espectáculo! Yo, en el tren, en traje de baño, con cinturita de avispa. Todos los pasajeros se quedaron boquiabiertos. Un hombre me levanto y con cuidado me sacó del vagón, me confesó que tuvo miedo de que me fuera a partir por la mitad.
Ahora tengo 25 años, ya he pasado 7 años en mi faja, me saqué unas costillas y sigo cuidando mi dieta. Pero ya se me fueron las ganas de romper el récord. Quiero tener un bebé. Y espero de todo corazón poder hacerlo. Mi esposo dice, que tenemos que ponernos serios y crear una familia de verdad, con niños. Estoy de acuerdo, que ya es hora de parar,
para que todo salga bien.
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