Sobrevivió a CORREA COTTO 💥 (Bandidos De Puerto Rico)
Автор: Bandidos de Puerto Rico
Загружено: 2026-01-10
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El relato de Luis Alberto Pérez es una de esas historias que quedan marcadas en la memoria colectiva de Puerto Rico por su crudeza y por la forma en que la violencia irrumpe en la vida de un niño. Este caso, difundido por Crimepod Puerto Rico, revive un episodio ocurrido en mayo de 1952 que conecta la inocencia infantil con uno de los criminales más temidos de la isla, Antonio Correa Cotto.
Cuando Luis tenía apenas entre siete y nueve años, conoció a Correa Cotto a través de un adulto de confianza. En ese entonces, el criminal se escondía en los cañaverales y el niño, sin entender el peligro real, se encargaba de llevarle comida por las tardes. Esa relación desigual, marcada por la edad y el miedo, sería el preludio de una tragedia imposible de olvidar.
La madrugada del 12 de mayo de 1952, la violencia entró directamente a la casa de Luis. Correa Cotto llegó fingiendo ser un policía. El padrastro de Luis le abrió la puerta sin saber que el hombre llevaba el rostro cubierto y estaba armado con pistolas y cuchillos. Dentro de la vivienda, el ambiente se volvió terror puro. El agresor mostró municiones a los niños, ordenó apagar la lámpara de gas y anunció que iba a matar al padrastro, a quien llamaban Ricardo.
En medio del caos, Correa Cotto llevó a la madre de Luis, Francisca Alvarado, hacia el balcón. Minutos después, los disparos rompieron la madrugada. Luis, aún siendo un niño, tuvo la sangre fría de engañar al agresor, indicándole una dirección falsa para proteger a su padrastro. Luego, armado solo con un machete que tomó por instinto, logró sacar a sus hermanos pequeños por el balcón y ponerlos a salvo con un vecino.
Descalzo, cruzando un río y con el miedo persiguiéndolo, Luis corrió hasta el cuartel de la policía para pedir ayuda. Al regresar con las autoridades, la escena era devastadora: su madre yacía sin vida sobre la única cama de la casa. La infancia de Luis terminó esa noche.
El después fue igual de duro. Huérfano y sin recursos, encontró un gesto de humanidad en el sargento Escalona, quien años más tarde lo ayudaría incluso el día de su graduación escolar, vistiéndolo y acompañándolo como si fuera su propio hijo. Con el tiempo, Luis emigró a Nueva York y décadas después regresó a Puerto Rico, donde pudo reencontrarse con Escalona para agradecerle.
Cuatro días después del ataque, Antonio Correa Cotto fue abatido en un cañaveral de Ponce. Pero para Luis Alberto Pérez, la historia no terminó con la muerte del criminal. Es un testimonio de supervivencia, de trauma y de cómo un niño cargó con una noche de horror que definió el resto de su vida.
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