Esperanza de Bolivia en el Presidente electo Rodrigo Paz
Автор: Carlos Sanchez Berzaín
Загружено: 2025-10-20
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Carlos Sánchez Berzaín entrevistado por Marcelo Tedesqui y Lorena Bandin en Radio Monumental Bolivia: Bolivia atraviesa un momento de esperanza inédita tras la victoria electoral de Rodrigo Paz. Amplios sectores de la población perciben este triunfo como el posible cierre de más de dos décadas de subordinación internacional, corrupción e instauración de un narcoestado bajo la tutela del castrochavismo. El discurso del presidente electo ha reforzado esa expectativa de cambio profundo, y el respaldo inmediato de gobiernos como el de Argentina y Estados Unidos marca un escenario internacional favorable para una transición hacia la democracia plena.
Sin embargo, los desafíos son monumentales. El principal dilema de Paz será elegir entre convertirse en el cuarto administrador del narcoestado plurinacional —como lo fueron Evo Morales, Jeanine Áñez y Luis Arce— o asumir el riesgo histórico de restaurar la República de Bolivia con todas sus instituciones. El país no enfrenta solo una crisis económica o de seguridad, sino una crisis total derivada de la destrucción deliberada del Estado de derecho y la captura de los poderes públicos por un entramado criminal con apoyo extranjero.
Estados Unidos ha sido claro en sus condiciones: lucha frontal contra el narcotráfico, recuperación del libre mercado y cooperación en materia de seguridad y migración. La reciente felicitación del secretario de Estado, Marco Rubio, no es un gesto protocolar, sino una invitación formal a escoger entre la legalidad occidental o el aislamiento junto a Irán, Cuba y Venezuela. De hecho, ya se ha filtrado que el nuevo gobierno rompería acuerdos con Teherán, lo cual sería una señal contundente del rumbo elegido.
Pero la legitimidad del cambio no dependerá solo de proclamaciones diplomáticas, sino de decisiones firmes en casa. Restituir la República mediante decreto, anular las amnistías que protegen a delincuentes políticos, desmontar el Tribunal Constitucional plurinacional y liberar a los más de 320 presos políticos y 28.000 exiliados serán pruebas concretas de voluntad transformadora. Sin justicia independiente, toda reforma económica o social será ilusoria.
El control cubano y venezolano sobre la seguridad, la educación, la agricultura y los registros civiles debe terminar. Bolivia no puede seguir siendo plataforma de operaciones para el cartel de los Soles, base logística de Irán ni puente aéreo de cocaína hacia el Caribe. El nuevo gobierno tiene la oportunidad —y la obligación— de recuperar la soberanía interna que hace años entregaron las élites corruptas.
La gran incógnita, entonces, no es si Rodrigo Paz tomará el gobierno el 8 de noviembre. La verdadera pregunta es si tomará también el poder. Porque gobernar sin desmontar la estructura del narcoestado sería simplemente administrar la continuidad. En cambio, devolver el poder al pueblo boliviano implicará enfrentar a mafias locales e internacionales sin vacilaciones.
Bolivia ha recuperado la esperanza. Lo que viene es comprobar si también recuperará su libertad.
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