Carta de Elena Caffarena, pionera del feminismo en Chile
Автор: Epistolar. Podcast de cartas
Загружено: 2025-06-13
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Abogada. Jurista. Política. Sufragista. Elena Caffarena fue todo eso. Pero si buscamos definirla en pocas líneas esta introducción busca eso podemos decir, simplemente, que fue una feminista inagotable. Muy atenta al reclamo de las sufragistas inglesas, fundó junto a otras compañeras el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile en 1935. La organización, pionera en la región, buscaba la “emancipación económica, biológica y política” de las mujeres. Pensá un poco en la época. Mediados de los años 30. Sudamérica. Las leyes consideraban a las mujeres chilenas como menores de edad y atadas a la voluntad del padre o del marido.
Una de sus grandes luchas fue por el acceso al voto. Logró un triunfo limitado a las elecciones municipales y, finalmente, en 1949, se obtuvo el derecho a voto para las mujeres a todas las elecciones. Pero a ella justo a ella le negaron sus derechos cívicos en virtud de una ley que proscribió al Partido Comunista, donde ni siquiera militaba. A raíz de esa prohibición, Caffarena le escribe esta carta a los funcionarios del Conservador de Bienes Raíces. Una carta que, aún hoy, a más de 76 años de ser escrita, sigue siendo un alegato brillante sobre la democracia, el lugar de la mujer, el autoritarismo y la libertad. Lee la actriz Michelle Mella.
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Señor Conservador de Bienes Raíces,
Como consta de la publicación aparecida en el Diario Oficial del día 12 del mes en curso, ha sido cancelada mi inscripción electoral, resolución que de ser mantenida por este H. Tribunal, me dejaría en situación de sub–individuo o de apatriada. (...) Para una persona que ha tenido una larga actuación cívica, sin obtener jamás un beneficio personal, ni monetario, ni honorífico; para quien se ha preocupado, con sacrificio de sus propios intereses, de la solución de los problemas nacionales; para quien se ha esforzado, dentro de sus posibilidades, de perfeccionar el régimen democrático, ampliándolo en sus bases electorales y aspirando a extenderlo de lo político a lo económico y social, no cabe duda que la aplicación de la pena de privación de los derechos ciudadanos constituye más que un baldón o un estigma, el fracaso de sus ideales y de su vida toda. (...) Peligroso es privar a la clase asalariada de sus instrumentos legales (sindicato, huelga) para obtener el mejoramiento de la situación económica o de trabajo, y peligrosísimo también es desprestigiar y destruir los principios bases de la democracia en lo político. (...) Pero mucha de esa gente de buena voluntad que no puede estar conforme con el régimen actual, piensa también que conviene soportarlo a cambio de la libertad política. Pero si se hace tabla rasa de ella, si con el pretexto de defender la democracia, se la viola y se la mancilla, muchos tendrán que pensar que entre no tener libertades políticas para mantener un régimen decadente e injusto, y no tenerla para dar un paso adelante, para ensayar algo mejor, la elección no es difícil. (...) No pertenezco, ni he pertenecido nunca al Partido Comunista y, a pesar de las sanciones de la Ley Nº8987, declaro enfáticamente que las reflexiones contenidas en el párrafo anterior me las he hecho muchas veces, y que si no me pesaran los años y no estuviera con mi salud seriamente quebrantada, ya habría tomado una decisión.
La Constitución Política del Estado, asegura la libertad de conciencia y concede al individuo el derecho de no ser interrogado sobre sus ideas políticas, religiosas o sociales, y menos aún sobre sus procesos mentales. Si he dejado aquí estampada mi reacción frente al atropello sistemático de los principios democráticos, principios que desde hace siglos creíamos incorporados al acervo de la humanidad, es con el propósito de hacer que el Tribunal pese su responsabilidad frente a las consecuencias que en la actitud de millares de individuos tiene que producir esta ola de persecuciones. (....) Con la sinceridad que he querido volcar en este documento, que no es el de un abogado que trata de ganar “el caso” a toda costa, sino de una mujer dolida y herida al ver cómo se están desprestigiando los principios democráticos y llevando al país a situaciones de violencia, declaro que muchas veces me he hecho examen de conciencia y he reconocido que merezco un castigo por haber contribuido a la elección del señor Gabriel González Videla. Pero, como tengo la atenuante de que no me era dable interpretar intenciones, ni podía suponer que el Programa que le había visto y oído jurar, no sería cumplido, estimo que la pena anexa a la de crimen que se me ha impuesto es exagerada.
Elena Caffarena
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