Montaña palentina. Casavegas (La Pernía)
Автор: Montaña palentina
Загружено: 2026-01-24
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CASAVEGAS
Casavegas es uno de esos pueblos que no se explican, se sienten. Yo lo llevo dentro como se lleva un recuerdo de infancia: sin fechas exactas, pero con una emoción intacta. Pertenece a La Pernía, en plena Montaña Palentina, y cada vez que pronuncio su nombre me viene a la memoria el silencio, ese silencio hondo que solo existe en los pueblos pequeños, donde el tiempo parece caminar más despacio.
Cuando llego a Casavegas, siento que entro en otro ritmo. Las casas de piedra me miran como si me reconocieran, con sus tejados de teja roja, gastados por la nieve y el sol de tantos inviernos. Camino por sus calles estrechas y tengo la sensación de estar pisando la historia de muchas generaciones que vivieron del campo, del ganado, del esfuerzo diario y también de la esperanza.
Para mí, Casavegas huele a leña, a hierba fresca, a pan recién hecho en la memoria. Es un pueblo rodeado de montes, de prados verdes en primavera y de blancos profundos en invierno. Desde cualquier rincón se ve la montaña como un abrazo, firme y protectora, como si la naturaleza hubiera decidido cuidar este lugar con especial cariño.
Lo que más me emociona de Casavegas no son solo sus paisajes, sino su alma. Pienso en la gente que lo habitó, en las voces que llenaban las cocinas, en los niños jugando en la plaza, en las campanas marcando las horas de misa y de vida. Aunque hoy sea un pueblo pequeño, incluso casi vacío a veces, yo lo siento lleno de presencia, de memoria, de raíces.
Casavegas, para mí, no es solo un punto en el mapa de La Pernía. Es un símbolo de lo que fue la montaña palentina: sencillez, dignidad, silencio, y una forma de vivir en armonía con la tierra. Cada vez que lo recuerdo, siento que también me recuerdo a mí mismo. Porque hay pueblos que no se visitan, se llevan dentro.
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